Las penas son crueles. Junto a la exigencia de lanzamientos, se establece la forma de desequilibrar un parabrisas eliminador, pero siempre hay equipos que atacan al amigo y al otro, la gloria. El tocó esta vez al Mallorca sufriendo al cielo ya la Real arder en l’enfer de l’elimination. El equipo de Javier Aguirre tenía un historial histórico y se metió en la final de Copa contra el ganador del duelo entre Athletic y Atlético, que jugaba el mío. Lo sabré la segunda vez. Ha llegado el momento del partido, como si fuera importante para él, y sin preocuparse por las condiciones meteorológicas, pero sobre todo por el frío de una noche de invierno, verá el espectáculo de una final de media Copa. Pero lo que no se debe a fenómenos climáticos durante la primera parte, son los dos equipos los que se encargan de ello, porque, cada vez, los nervios pueden hacer que, por cada nadar y conservar la vestimenta, se dediquen a un fútbol insustancial.
La columna de Jon Rivas en este abrazo: